Àngel Manuel Hernández Cardona

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Rafael Candel, héroe humanitario de Cabrerizas Bajas (Melilla, 1928)

Posted by angelhc a gener 30, 2021

Rafael Candel Vila (Pamplona, 1903 – Madrid, 1976) fue un importante científico y catedrático de instituto y de universidad. Era doctor en ciencias y en farmacia, e ingeniero geólogo. Destacó como cristalógrafo, mineralogista y geoquímico. Fue catedrático del Instituto General y Técnico Victoria Eugenia, de Melilla, durante el periodo de 1928 a 1931. Publicó una treintena de trabajos relativos al norte de África.

Sobre su estancia en Melilla, le dediqué un extenso artículo, con el título de “Rafael Candel Vila, catedrático en Melilla”, aparecido a finales de 2013, en el número 8 de la revista Trápana, editada por la Asociación de Estudios Melillenses.

La mayor catástrofe de Melilla en tiempo de paz fue la explosión del polvorín de Cabrerizas Bajas, ocurrida el día 26 de septiembre de 1928. Este antiguo fuerte almacenaba unas 43.000 granadas y balas de cañón, y varias toneladas de pólvora. La tragedia sucedió en una noche apacible y todavía calurosa. De pronto se oyó una gran explosión que agitó todas las casas del barrio cercano; seguidamente comenzaron a caer cristales de puertas y ventanas; horrorizados los vecinos salieron corriendo a la calle, cuando con gran estruendo se produjo una segunda explosión, que se hizo más patente y ensordecedora. De algunas casas volaron los cristales que quedaban y de las más débiles cayeron techos, muros y tabiques; era un caos. De pronto el cielo se enrojeció y pasados unos segundos se hizo totalmente negro. Tras estos fenómenos se produjeron unos segundos de absoluto silencio; los gritos, llantos y lamentos que a continuación se oyeron eran desgarradores; unos se encontraban debajo de los escombros y otros tratando de hallar a sus familiares y amigos. Todo el fuerte de Cabrerizas había totalmente desaparecido; ni el más leve vestigio de cimientos o muros quedaba en el lugar donde aquel estaba emplazado. Solo quedó un enorme hoyo. Hubo medio centenar de muertos y dos centenares de heridos. Tan pronto se enteró de la catástrofe, el Dr. Candel acudió al lugar del siniestro a ayudar a los médicos y enfermeros que no podían atender a tantos cientos de heridos. Sus amplios conocimientos de anatomía y fisiología (no olvidemos que era catedrático de Ciencias Naturales), y también su condición de hijo de farmacéutico militar, hicieron que su colaboración fuera eficaz. Estuvo horas y horas atendiendo a los heridos, primero en la zona afectada y luego en el Hospital de la Cruz Roja. Pudieron más su deber de ciudadanía, sus principios humanitarios, su caridad cristiana, que el cansancio. Arremangado, lleno de sangre, empapado de sudor, el Dr. Candel no paraba de hacer torniquetes, entablillar huesos rotos, limpiar, desinfectar y suturar heridas, poner vendajes, cambiar apósitos, etc., siempre bajo la supervisión de los médicos militares y civiles que tan denodadamente actuaron tras la tragedia. Fue un verdadero héroe, aunque él, modestamente, dijera que su prestación personal fue obligada por los principios humanitarios más elementales.

Figura 4 escalada (artículo Candel)

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